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Insomnio

Acostada a la hora habitual.

No tengo suficiente energía como pare ver una película, continuar una serie o incluso leer algo. Tengo esas pocas reservas que me impiden dormime pero me dejan escribir lo suficiente.

Estaba a punto de ver la sección de noticias de la aplicación de Google, mi ultima rutina cuando nada funciona como sedante.

El brillo de la pantalla me ciega, pero es soportable. No puedo dejarlo, es esto o mirar la oscuridad. No quiero eso, solo me arruina, me deja maquinarme teorías conspirativas de las que nadie ha odio aún, me permite ver cuantas cosas mal he hecho, me deja ver que soy un fracaso.

Por eso tengo insomnio, porque no quiero pensar lo que debo. Tal vez lo tenga porque lo he pensado demasiado, o capaz solo he tomado demasiado café.

Cualesquiera sean las razones, lo sigo teniendo. Me tengo que levantar temprano mañana, tengo que estudiar tal como lo he dicho todos estos días y sigo durmiendo sin sentir culpa por ello. 

Pero mañana será el día, y me inventaré algún pretexto para que el siguiente tampoco lo sea. Y así hasta llegar la fecha y decir, bueno, el próximo año.

Estas ideas no son buenas, no me permiten dormir, estoy pensando mucho para que sea tan tarde. Mi cerebro debería estar inactivo, pero aquí estoy, más lúcida y creativa que nunca, a que buena hora, a que buen momento.

Hoy no estuviste para responderle lo que debías a tu supervisor. Hoy no estabas para hablar en esa reunión con silencios tan incómodos, y mucho menos estuviste cuando alguien te consultó una opinión. 

Nunca estas cuando te necesito, así que haré que valgas en cada oportunidad que estés.

Punto.

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Comienzo.

Comencé revisando en mi mente todas aquellas notas que escribí en mis diarios, mis agendas y en cada trozo de papel que conseguí. Un sin fin de libretas, libretones, cuadernos y post – it fueron testigos de las ideas momentáneas que he tenido en el paso de mis años.

Ahora he crecido, tengo cierta madurez, y extraño enormemente todo aquello que cultivé. Ya no soy capaz de completar un cuaderno de 96 hojas de puro texto, como tampoco soy capaz de ser tan creativa como antes sin sentir culpa.

No estoy consciente si de esto se basa el famoso “bloqueo del escritor”, pero es algo bastante molesto, algo que impide que ahora en lugar de escribir mi próxima gran obra este redactando este pensamiento.

Nunca fui de buena autoestima, nunca me creí mejor que alguien más. Pero esto ya tiene cierto límite. Estoy pensando todos los días porqué dedico mi tiempo a esto. Cuál es el motivo para que abandone otras actividades y me desvele hablando conmigo misma. 

Porqué siempre estoy buscando que me lean, que me critiquen, que me den una valoración. ¿Por qué necesito tanto seguir en esto?

Es cuando caen las siguientes interrogantes, donde todos los días las dejo pendientes, sin responder. 

La incertidumbre me genera un enorme pesar. El no saber si estudio lo correcto, si debo dejar todo y luchar por lo que quiero, y si lo que quiero algún día será rentable.

No es sano estar así, no es bueno para nadie.

Creo que por eso sigo escribiendo.

Me quiero convencer a mí misma de que realmente esto no me llevará a ningún lado, de que nada de esto es útil. Sigo publicando, escribiendo y soñando.

Continuó creando material y sigo esperando que me digas que tal está.

Es curioso que cuando empiezo a tirar la toalla, cuando borro nuevamente todas las aplicaciones de escritura, cuando empiezo a guardar mis notas, esos comentarios aparecen.

Y para peor me alientan.

Pero ese gusto es escaso, y nunca es suficiente como para tomar una decisión final. Me permite continuar, si, no lo discuto, y lo he agradecido, a todos un millón de veces.

Pero son en momentos como este, cuando ese apoyo escaso no está, el cual me hace creer que estaré en idas y vueltas toda mi vida.

Reafirmo que es un hobby, que no exagere, que todos tenemos algo que nos gusta que siempre dejaremos de lado.

Ahora me vuelvo a cuestionar, ¿realmente esto tiene que ser así?

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Piroquinesis // Capítulo 2.

El olor del perfume de mi madre fue lo que me despertó.

Para mi sorpresa no estaba en el suelo, estaba en la cama, y con el collar encima de la mesada. No me anime a preguntarle si fue ella quien me llevó, ni siquiera parecía preocupada.

-Hoy empiezas tu último año, ¿ansiosa?- Definitivamente no fue ella quien me ayudo, ¿me desperté y no lo recuerdo?

-Si.- una mentira enorme, no tenía tiempo para estudiar, quería saber que sucedió conmigo. Me levanto algo mareada y agarro el conjunto de ropa que mi madre dejó en la silla del escritorio, ni siquiera me limite a ver como estaba. Antes de irme tomo el collar con la campera y lo meto en el bolso, mirando de vez en cuando para que no se incendie.

Bajo rápido al primer piso y me guardo algo para comer, me rio al pensar que puede terminar frito o en cenizas. Tomo mis llaves y algo de dinero para el autobús, saludo con un ademán y el aire fresco de marzo me da la bienvenida.

Tuve que correr el autobús para no llegar tarde, y por el dolor en mis músculos me acordé de las peripecias del día anterior. Tengo que averiguar tanto y no sé por dónde empezar.

Al llegar encontré a mis compañeros donde siempre, debajo de un árbol enorme, el Ombú, en ronda esperando el timbre. Camino hacia ellos, no crecieron nada, somos iguales que hace 5 años, algunos crecieron en varias direcciones, otros como yo nos quedamos estancados. Pero éramos los mismos, en alma y espíritu, y eso nadie lo iba a cambiar.

-Demoraste, quise pasar a buscarte pero sabía que llegaríamos tarde.- Bernabell o Berna para simplificar, me conocía más que nadie, nuestros lazos de amistad eran más fuertes con ella que con cualquiera del grupo. Soporto distancia, peleas, amores y llantos, y sigue firme a pesar de las cicatrices.

-No encontraba mi celular, pero aun así estoy en hora, el timbre no sonó.- termino de hablar y lo hace, estrepitoso como hace tanto tiempo, aun me asustaba cuando estaba desprevenida. De todas formas ahora que lo mencioné, no traje el celular.

Se empiezan a levantar uno por uno, como si sus cuerpos estuvieran demasiado atraídos por la gravedad, el espíritu del primer día no los contagió, ni a ellos ni a mí.

Dentro, los supervisores nos indicaban a cuál de ellos debíamos de seguir, de tal manera de evitar caos y desorden. Nosotros nos ganamos cierto privilegio, éramos los más grandes, por lo tanto íbamos a las clases solos, y una hora más tarde que el resto, para ahorrarnos el tour y las explicaciones de cómo funcionaban las cosas aquí.

Según mis cálculos, yo estaría en la misma clase que Angus, pero sin ninguno de mis compañeros, porque nada de lo que eligieron coincidía con mis clases. Estaba acostumbrada a estar sola de todas formas, pero no me agrado el hecho de pasar sola mi último año.

Pensé en buscar a Angus, para que me explicara que paso anoche, pero no lo veía por ninguna parte. Me limito a sentarme con mis amigos en la escalera del segundo piso.

-Ayer no te vi en la fiesta…-Frida era entrometida, pero su lado dulce y aniñado no lo hacían ver a aquello tan molesto.

-Me sentí mal, fiebre y eso, tu sabes.- hablo restándole importancia, es muy de alarmarse por esas cosas. Me levanto intentando contagiarlos, y al hacerlo, cada uno sin decir nada se va a su respectiva clase.  Cid me frena.- Sabes que no paso eso, ayer cuando volvía del baile vi salir a alguien por tu ventana, y no era nadie familiar…- me dejo aturdida. Sé que vine sola anoche, o eso es lo que me acordaba.- ¿No me piensas decir nada?

-¿Recuerdas que hora era?

-Cerca de las tres de la mañana.

-Gracias, nos vemos luego.- me queda mirando descontento, y yo quedo más confundida de lo que estoy.

Mi clase es la del final del pasillo, como siempre entro tarde y me veo obligada a sentarme detrás del todo, significa que no podré escuchar ni oír nada en lo que reste de clase.

La persona que entra detrás de mí era la profesora, baja y con un moño en el pelo, demostraba más edad de la que en verdad tenía. Me gustaría verla con el pelo suelto, aún con canas apuesto se vería hermosa. Se sienta en el escritorio y enseguida empieza a decir nuestros nombres uno por uno. Como calculé, Angus estaba en mi clase, pero aún no había llegado, el resto eran invisibles para mí, como yo para ellos.

-Ghala Lear

-¡Presente!- la profesora levanta la mirada y se dirige hacia mí, antes de pronunciar el siguiente nombre Angus entra, y juro por dios que ese no era el Angus que yo conocía.

Estaba más musculoso, pero con los ojos desorbitados y su mejilla golpeada, su pelo rapado, ninguno de sus mechones castaños se había conservado, y ese aire que siempre lo destacó, un aire de grandeza sí, pero de belleza también. Ahora solo se sentía grandeza y poder junto a él. Sonríe a la profesora y luego mira para mi dirección, serio, pero sus ojos no se encuentran con los míos, no sabe ni donde está parado.

-Profesora, disculpe la demora, ya empezamos el año con problemas, bien de instituto público, ¿no le parece?- Ella lo mira de arriba abajo, inspeccionando, le pide se siente y el accede con una reverencia.

Se presenta, se llama Leonor, y será nuestra única profesora en todo el año, capaz no había presupuesto, pero pasar de doce profesores individuales de cada materia, a una general, era algo sofocante. Nos habla de valores, del futuro, de nuestro destino y de cosas que dejo de escuchar, no puedo dejar de mirar a Angus. Esta tan distinto, tan intimidante, sabía que de por sí estar con él era inalcanzable, pero ahora no se me cruza esa idea por la cabeza, ahora solo me da miedo. Suena el timbre de la primera clase, me voy lo más rápido que puedo, pero no puedo seguir, algo me detiene, y se quién es.

-Ghala, necesitamos hablar.- Ahora que lo veo más de cerca solo quiero correr, ¿en realidad me había fijado en un chico como él? Asiento y nos vamos al patio trasero, pasando por delante de mis compañeros, su asombro pudo ser disimulado, pero no.

-Tú tienes algo que quiero Ghala, y esto se puede solucionar fácilmente si me lo das.

-¿Algo tuyo?, salí del edificio tan rápido como pude, ¿te parece tendría tiempo de agarrar algo?

-No des rodeos, dame el collar.- un escalofrió me recorre, el collar tenía mi nombre, pensé que era un regalo de él. No quiero dárselo, ¿pero qué alternativa tengo?

-Dejé el bolso en clase, si me esperas te lo doy.

-Date prisa.- empiezo a caminar pero me toma del hombro bruscamente.- no se te ocurra escapar, Ghalita.

No había pensado en esa alternativa, pero eso me dice algo, el collar era importante. No quiero dárselo, tengo que escapar, a pesar de que me dijo que no lo hiciera, ¿desde cuándo me niego a Angus?

Paso velozmente por mis amigos les hago señas para que hablemos luego, mi corazón está acelerado, solo tengo que darle el collar, el collar que se prendió fuego, que tenía mi nombre, que no me quemó, que siento me pertenece. No se lo daré. Tomo mi bolso y al dar la vuelta la puerta estaba cerrada, y Angus estaba dentro.

-Te dije que no escaparas, mi vida.- sus ojos estaban más grandes que de costumbre, y se notaban las venas en su frente, tensas y alarmantes.

-Yo no…- corre hacia mí y me tapa la boca, con sus manos fuertes y ásperas. Dejo escapar un chillido, es lo que pareció ser. Toma mi bolso de un extremo y cincha, por más que luché logró arrebatármelo.- ¡Eso no es tuyo!

-¿Disculpa?, tú me lo robaste, eso es todo, así que si no quieres tener problemas, desaparece, olvidaré lo que hiciste por esta vez.- Toma el bolso, agarra el collar, y me limpio la boca, aun sintiendo sus manos. Me congelo por un segundo al notarlo en mi pecho, frio como el mármol,  y río.

-¿Por qué tanto problema por el collar?- ese no es el verdadero collar.

-No te hagas, ¿cómo es que pudiste estar oculta tanto tiempo?- se arregla la camisa.- de todas formas no me incumbe, nos vemos pronto Lear.

El timbre del descanso suena, anunciado su fin, me rio histérica sin entender mucho, pero eso no importaba, el collar estaba conmigo, siempre lo estuvo, en mi cuello, y tengo que descubrir quién entro a mi habitación, quien lo cambió, y quien lo dejo en mi.

Sea quien sea, me va a buscar de nuevo.
Y lo voy a estar esperando.

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Piroquinesis // Capítulo 1.

Se sentía el ambiente festivo y hostil, ese ambiente con aroma a alcohol y cigarro, un lugar en donde no quería estar.

Pero en sí ¿qué era lo que me trajo aquí?
Ah sí, él.

Estaba demasiado rutinaria en mi habitación cuando el email llegó. No decía nada cursi, nada romántico, pero era de él. La única persona por la cual dejaba de ser la chica estudiosa o reservada para convertirme en lo que él quisiera que fuera. Solo tenía tres líneas, de tanto leerlo me lo había aprendido de memoria:

“¿Quieres ir al baile de bienvenida?
Te estaré esperando a las 22:00 fuera de tu casa, ponte linda.
Angus
“.

No lo pensé dos veces, mis padres sabían de la fiesta, y nunca me prohibían este tipo de actividades, al enterarse me dieron todo lo necesario, solo les faltaba decir “ya era hora”.
Afuera, tal como dijo, estaba esperándome en su auto, con una sonrisa maliciosa y sexy a la vez. Me senté algo torpe junto a él y aceleró sin preámbulos.

La fiesta no era la que yo creía, ni donde me temía. Me llevó a un edificio, donde el bullicio era del balcón del sexto piso. Reconocía el lugar, era en el centro de la ciudad.

Lo mire confundida, esa cabellera castaña, esos ojos marrones pero penetrantes, se me fueron todos los ánimos para pedirle explicaciones, es una fiesta en si ¿no?

Bajamos del auto y me abraza por encima de los hombros. Un hombre de traje verifica una lista y nos hace señas para que pasemos, nunca me sentí tan preferencial.

Subimos el ascensor, se abrieron las puertas y ahí estaban todos. Todos los conocidos del instituto, populares, jugadores, todos, menos gente más de mi tipo. Entonces ¿Porque yo estaba allí?

-¿Confundida? – Angus me hablaba pero sus ojos se dirigían en muchas direcciones, sin importarse en si en realidad lo escuchaba.
-Un poco, no veo a todos los del instituto.
-Ellos no accedieron, ven, quiero presentarte a alguien.- Me lleva pasando unas fuentes de luz y agua, algunos cuantos cuerpos caídos o intentando seguir de pie, hasta llegar a una mesa de póquer. Cuatro hombres estaban sentados alrededor de esta, con mujeres detrás o encima de ellos.- Ella es Ghala, es de quien les hable.- una mirada despiadada se desprendió apenas pronuncio mi nombre. Donde me había metido.

– Ghala, es un placer, soy Siro, encargado de esta fiesta, espero la puedas pasar bien- sonríe, levanta su enorme y obeso cuerpo y le hace señas a Angus para retirarse, y me dejan sola, en quien sabe dónde.

Inmediatamente me voy al balcón, necesitaba aire, respirar, centrarme.
¿Angus ha estado hablando de mí? ¿Y quién es Siro? ¿Su padre? ¿Mi futuro suegro tal vez?

Demasiado aturdida me apoyo en el barandal y alguien en el primer piso empieza a tintinear una linterna, lo dejo de ver medio ciega por la luz y alguien más dos balcones abajo hace exactamente lo mismo, coordinados, sin cesar.

Las personas a mis costados no se dan cuenta de ellas, o están demasiado ebrias para notarlas.

Las luces ahora se mueven de izquierda a derecha, de arriba a abajo, sin dejar de tintinear, siguen siendo dos, pero se van uniendo en un punto, a una escalera en el balcón de junto. Intento visualizar quien esta tras esas luces, pero de pronto se apagan y desaparecen en la penumbra.
Angus está de vuelta, y yo sigo mirando la escalera.

Me ofrece una copa con lo que se supone es champagne, y empieza a hablar cosas que no comprendo, o directamente no escucho. Extrañado, mira a Siro, me toma del brazo y caminamos junto a él. 

Cuando el timbre suena. 
Angus no presta importancia, hasta que suena una, dos, tres veces hasta empezar a golpear la puerta. Hace señales a uno de los guardias de Siro y la abren.

No reaccioné demasiado rápido por lo cual el efecto del gas lacrimógeno me impacta bastante; corrí al balcón y un poco rehabilitada solo pienso en la escalera, pero para eso tendría que saltar de balcón a balcón, y no es algo que se me dé bien. Multitud de personas caen al suelo y otras corren desesperadas haciendo más chico el espacio del balcón. Solo dos personas traen mascarillas y linternas. Me ven y se dirigen hacia mí con sigilo. Yo miro desesperada la escalera, ¡será solo un metro de distancia!, si logro saltar me tomo directamente de la escalera y listo.

Tomo impulso lo más que puedo y salto, lo suficiente como para agarrarme del barandal del balcón siguiente. Grito al sentir el golpe y el dolor de mis brazos y lucho por subir, sin pensar que estoy colgando del sexto piso.

Me quito los zapatos en busca de alivianar mi peso, ni siquiera los escucho sonar cuando caen al suelo,  y trepo por los círculos que decoran el barandal. Una vez en el borde me siento, tomo un respiro y veo el caos de enfrente, los ladrones están mirándome apuntando con lo que parecían dardos tranquilizantes, unos ladrones pacifistas supongo. Agarro el peldaño de la escalera y subo hasta la terraza, capaz es un error, pero prefiero esto a que me disparen y caiga seis pisos sin opción a sobrevivir.

Por suerte no hay nadie y corro a la puerta de servicio para bajar las escaleras, tampoco hay nadie allí y corro escalón por escalón hasta no poder respirar más. Pero ¿por qué corro si nadie me sigue?

Me permito sentarme en los escalones del tercer piso y tomar un respiro, se escuchan gritos y zumbidos del dardo, y luego sirenas. La policía ya estaba aquí, así que debía irme, no podía dejar que mis padres se enteren que estuve aquí.

Salgo por la puerta de empleados del edificio y afuera esta Siro, con el motor prendido de su auto, haciéndome señales.
-Ghala, ven, te llevaremos a tu casa, o a un lugar más tranquilo, como quieras- No tuve que pensar demasiado para saber que no era buena opción, si bien él decía conocerme yo no sé nada de él. Niego con la cabeza y dos guardias me hacen frente, golpeo en vano hasta escuchar dos zumbidos. Ellos caen a mi lado y Siro acelera, alejándose sin dejar de mirarme.
A mis costados aparecen los ladrones y me paralizo, sintiendo el peligro muy de cerca.

Para mi sorpresa se quitan las máscaras, se peinan un poco el pelo, y se miran el uno al otro.

-Yo…- apenas puedo hablar, mi garganta esta reseca- yo no tengo dinero, no los he visto, solo déjenme ir.
-¿Ves?, aún con los dardos te dije que pareceríamos criminales.- el primer chico tira la máscara al suelo, ofuscado, ¿acaso no se dan cuenta que detrás los esperan los policías?
-Mi compañero no te va a matar, ni yo tampoco. Solo te salvamos la vida.
-¿Qué? – lo que decía carecía de sentido, ¿quién era en realidad el verdadero peligro esta noche?
-Perdón, no hay tiempo de explicar, solo di gracias, nos tenemos que ir.- No alcanzo a alzar la voz cuando salen como relámpagos, y otra vez me quedo sola, en la noche, rodeada por policías sí, pero nunca tan desamparada.

Antes de largarme a mi casa, los policías me llevan a la comisaría para hacerme un par de preguntas, y me piden que cualquier cosa que sepa los contacte, al tener 18 años no era necesaria la presencia de mis padres así que puedo retirarme sin demora, pero antes uno de ellos me para y me ofrece algo

-Tu eres Ghala, ¿verdad?- Asiento con la cabeza, aún incapaz de hablar.- Bien, esto es tuyo entonces, ¿cierto?- me despliega un collar con un medallón donde de manera muy desprolija un papel pegado con cinta desplegaba mi nombre.- Puedes grabarlo en una joyería si no quieres perderlo, solo digo.

Me deja el collar en la mesa y se retira. No, ese collar no era mío, pero tenía mi nombre, o era una broma o capaz un regalo de Angus, a quien por cierto vi irse corriendo sin preguntarse si alguien necesitaba ayuda. No puedo decir mucho, yo me salve a mí misma, los dos somos igual de cobardes.

Se ofrecen a llevarme a mi casa en una patrulla pero me niego y pido un taxi, llegar sin zapatos desalineada y en patrulla no era una buena idea.

Ya en mi hogar, me percato de que son las dos de la mañana, mis padres duermen así que no tendría por qué dar explicaciones. Abro la puerta sigilosamente y me escabullo a mi cuarto, cerrando puertas y ventanas prendiendo únicamente la luz del monitor. Veo que tengo algunos mensajes nuevos pero lo ignoro y me tomo una ducha.

Al salir, el collar sobre mi cama está ardiendo.

-¿Qué cara…?- busco desesperada algún recipiente para llenar de agua pero no encuentro nada, ¡tengo que agarrar el collar o va a encender toda mi habitación! Voy haciendo viajes cortos del baño a la cama con agua en mis manos pero no sirve de nada, agarro una toalla, la empapo con agua, la envuelvo en mis manos y agarro el collar. No llego a la puerta del baño cuando la toalla queda fulminada, solo quedan jirones y el collar esta en mi mano.

Aún sigue ardiendo pero no me estoy quemando, mis manos están ardiendo con él.

Lloro incapaz de hacer otra cosa ¿se siente así quemarse? ¿El dolor es innato después de un tiempo? Tomo el medallón del collar y por más estúpido que sea, soplo, y el fuego se detiene, mis manos ya no arden en llamas, la habitación ya no apesta a humo y el collar esta frío como el mármol.
Y me desmayo.